domingo, 21 de julio de 2013

Vale la pena.

A veces cuando tengo un rato libre, entre un entrenamiento y otro, o cuando estoy concentrándome para una competencia me pongo a pensar y hago reflexiones que una y otra vez me sorprenden. Si bien tengo como principio la idea de no pensar mucho, porque siempre termina pesando, definitivamente hay momentos que son para pensar. En esos momentos es casi imposible no replantearme algunas cosas. Cuando me levanto a la madrugada y me duele todo el cuerpo, pero sé que si no me levanto voy a perder algo que no voy a poder recuperar nunca, me termino levantando igual. No lo dudo, pero en determinados puntos llega siempre la misma pregunta: "¿Vale la pena?".

Se podría decir que la vida que llevo es muy sacrificada y llena de dolor e incertidumbre. Se podría decir que estoy entregando mi salud, mi juventud y mi integridad a cambio de algo que no tiene ni mucho valor ni mucho significado para el que lo ve desde afuera. Se podría decir que estoy un poco loco. A mi no me caben dudas. Pero porque sé muy bien que es lo que quiero y la inestabilidad no es compatible conmigo. Sé adonde voy y no me importa si otros pueden o no verlo.

Hace poco tuve una semana con dos competiciones seguidas, torneos de Jiu Jit-Su y Tae Kwon-Do. El Lunes anterior, cuando me levanté todavía era de noche y había un par de grados bajo cero. Mientras me lavaba la cara pensé que las cosas se me estaban dando muy bien, pero que ponerse a la altura de las circunstancias no iba a ser para cualquiera. Esa semana entrené dos veces el Lunes, dos veces el Martes, dos veces el Miércoles. El Jueves viajé a Capilla del señor a competir, el Viernes era feriado, así que fuimos con mi hermano al gimnasio y nos encerramos a entrenar, terminamos a las once y media de la noche, como cualquier día de semana. El Sábado hicimos el entrenamiento especial (cuatro horas) y el Domingo me levanté a las cinco de la mañana para participar de la organización de la copa provincia de Buenos Aires (Torneo de Tae Kwon-Do), para después pelear seguidamente.

Ese mismo día a la noche llegué a una conclusión. Me dolía la cabeza, por la acumulación de golpes y estrangulaciones, sentía que me iban a explotar los brazos, los codos y los hombros, tenía el kimono y el dobok, recién lavados, ensangrentados, mis piernas tenían, contados, mas de quince hematomas, las articulaciones de los dedos me dolían intensamente, una rodilla la tenía lastimada, así que caminaba rengueando, y en determinado momento, me di cuenta de que me temblaban las manos. Pero estaba contento, feliz conmigo mismo. Y al final del día, al final de la semana, mi conclusión fue que valió la pena todo. Cada minuto entrenando, cada gota de sudor, cada esfuerzo, cada dolor, todo formó parte de mi experiencia.

Por eso cada vez que surge, de afuera o de adentro, la gastada pregunta: "¿Vale la pena?" La respuesta siempre es la misma: "Vale la pena". Y no tengo ninguna duda de que es así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario