sábado, 27 de abril de 2013

Maestro

Ya no se encuentran hombres así. Ese brillo intenso, penetrante, en la mirada y la verdad en la voz. No te baja los ojos en ningún momento. Somos muy parecidos él y yo. Somos personas fuera de serie.

Que bueno encontrarme con vos. Que bueno poder dejar a un lado mi vida de delincuencia juvenil y encontrarme, y saber quien soy. Que bueno saber que nunca me cerrarías la puerta, porque te importo. Porque no son un puñado de palabras lindas, son hechos concretos.

Tenemos los pies en la tierra, y cuando necesité equivocarme, tomar malas decisiones, alejarme, dejar de lado todo, lo hice. Pero me dí cuenta de que estaba perdido y ahora me encontré. Y nunca me diste la espalda, "Casi todas las cosas se pueden arreglar, vos acá vas a tener siempre tu lugar", esas palabras, simples y contundentes a la vez, resumen todo.

Ya estuve mucho tiempo callado. Me tengo que reinventar, y cueste lo que cueste, es el precio de vivir tu propia vida. Finalmente, después de casi siete años te entiendo, me entiendo. No tengo miedo de dar pasos, no tengo miedo de morir, no tengo miedo de vivir, simplemente, no tengo miedo. El universo se puede ir a la mierda.

Gracias, por ser mi mejor influencia. Por mostrarme las cosas desde otra perspectiva. Por creer en mí, cuando nadie lo hacía y por darme tantas oportunidades de crecer. Por aceptarme así como soy, sin exigirme nada. Y sobre todas las cosas por tener en cuenta, y hacerme entender, que mi pasado y mi historia están ahí, pero que mi presente depende de cuanto me esfuerce y mi futuro solamente depende de mí. Estoy listo. Soy yo.

Dedicado al Maestro Miguel A. Quintana.

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